Atravesado el umbral de su puerta, te daban la bienvenida en lugar de camareros, la imagen graffiteada de una Marylin Monroe con la falda alzada y un tipejo parecido a Superman. Asi, su gran mural de "superheroes y villanos" te hacian presagiar que aquel no era un bar cualquiera, sino un reducto casi literario por sus parroquianos y sus quehaceres.
Entre la "pocha", la "brisca", el "tute", y algún solitario lector, los asiduos de aquel entonces, solian contarse por universitarios con ganas de naipe, algún vecino con ganas de charla, propietarios de otros bares que aqui venian a evadirse, y en definitiva contertulios corrientes y molientes, que hacian suya "La Tertulia".
Seguro que entre las cuatro paredes de aquel local hoy ya cerrado, retumban los ecos de narraciones increibles, alguna mas mundana, intrigas y complots, declaraciones de amor y rúpturas de pareja. Los adoquines aun deben latir con tanta charla ahi conservada, con las ilusiones, proyectos y desengaños que unos y otros vivimos en La Tertulia.
Y un dia se cerró, como quien no quiere la cosa, alguna explicación vacua no conseguia paliar el vacio de sabernos perdedores de aquel mágico lugar, donde entre tanta otras cosas, en las noches de invierno seguiamos manteniendo vivas las luces del verano.
Sin embargo, lo mas singular de aquel rincón, era que siempre alguien te aguardaba, no necesitabas quedar... a cierta hora, en ese rato que uno se toma, se desentiende y se evade, los demás hacian lo mismo, sabiendo de algún modo, que algún amigo te esperaba en la Tertulia.

1 comentarios:
Sí que se echa de menos la Tertulia, sí, y lo que significaba... Lo dicho nene, algo te está pasando.... y creo que no es malo. Aquí andamos, ché
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